No puedo parar, estoy atrapada

-Abro el móvil y miro Instagram. Mi dedo se desliza por la pantalla en busca de imágenes bonitas, que me aporten algo interesante, que me hagan pasar un rato agradable. Pero al final me pierdo de un enlace a otro, absorta por lo que veo y leo, dejándome arrastrar por los cientos de posts, stories, reels y anuncios que hay en la red.

-Me siento delante del televisor para mirar mi serie favorita, quiero pasar un rato agradable, divertido, interesante, con la historia que me van a contar. Refunfuño cada vez que hacen una pausa para poner anuncios, pero sigo sentada delante del televisor mientras mi cerebro se empapa de todo lo que me quieren vender.

-Enciendo mi portátil y busco por Internet esa información que necesito. Salto de una web hacia otra, pero los anuncios, las ofertas y las propuestas de compra me siguen la pista muy de cerca; cada día estoy a un simple clic de hacer la compra de mi vida.

Anuncios.

Más anuncios.

Información de todo tipo.

Gente de todo tipo diciéndome lo que debería hacer, diciéndome lo que es correcto y lo que no lo es.

Bombardeo de información.

Bombardeo de propaganda.

Vivimos unos tiempos en los que apenas tenemos tiempo de detener nuestra mente y pensar en nosotros mismos, en lo qué queremos en realidad, en quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos.

Para muchas personas, es más fácil seguir los anuncios y lo que nos proponen desde fuera porque así uno no tiene que detenerse y valorar nada. Si hacemos lo que nos proponen otros (esos que tienen cierta autoridad, fama o lo que sea que admiramos de ellos), aparentemente también tenemos menos posibilidades de equivocarnos.

También hay muchas personas que ni siquiera pueden detenerse.

Tienen su rutina programada al milímetro y, detenerse, puede llevarlos a un desajuste demasiado grande e incontrolable para ellas.

Hemos construido nuestra rutina entorno la productividad, las prisas y las distracciones para luego poder desconectar de la exigencia productiva y las prisas. Es una rueda que gira y gira y nos puede atrapar de forma eterna entre un paso y el siguiente.

No siempre es fácil detenernos y dejarnos un poco de espacio para saber si vamos en la dirección que realmente queremos. Hoy en día, con el bombardeo de estímulos que recibimos es todo reto.

No siempre es fácil, pero a veces es necesario.

A veces, no siempre.

Cada uno debe valorar si es algo que él necesita.

Si tu rutina encaja y te satisface, no hay motivo para cambiarla. Disfrútala.

Pero si tu rutina te genera insatisfacción (o algo peor), puede que sea una buena opción detenerte, escuchar lo que sientes, dejarte espacio para valorar lo que estás haciendo y lo que en realidad querrías hacer tú.

No lo que los demás creen que necesitas, sino lo que tú realmente crees que necesitas.

Escucharte por dentro.

Escuchar tus emociones, también el tipo de pensamientos que tienes.

Tanto si son agradables como si no lo son tanto porque, esta información, te será muy útil para poder valorar de nuevo tu dirección.

Si necesitas ayuda en comprender mejor tu mundo interior o tus emociones, aquí irás encontrando información sobre como hacerlo. Si quieres, también te puedes apuntar a mi lista de emails donde cada semana envío contenido extra a mis suscriptores: Me apunto.

Por cierto, sé que este artículo es otro más de los miles de propuestas que hay por Internet ;)

Así que detente, valora su contenido y extrae de él lo que necesites. No te conformes con lo que yo diga. Usa esta información para lo que tú realmente quieras.

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